Lo ambiguo en las fotografías de Alberto García-Alix

Alberto García-Alix dice que la cámara nos obliga a mirar por ella. Lo dice como si tuviese voluntad, fuerza propia. Nos supedita a su deseo de ser intermediarios entre nosotros y el mundo. No obstante no conviene mirar a través suyo de la misma manera que miramos cuando no está. Con ella hemos de observar con atención, con cuidado, estudiando el aspecto de las cosas. La cámara nos examina.

Por su propia naturaleza la fotografía nos permite obtener una copia del aspecto que tiene la superficie de las cosas mucho más precisa que utilizando cualquier otra técnica. Se trata por tanto del medio capaz de llevar el concepto de mímesis hasta sus últimas consecuencias.

Si atendemos a la forma de pensar de los clásicos el arte llegara a su grado más óptimo cuanto mayor éxito alcance en su mímesis. El artesano que pinta o esculpe no aporta creaciones al mundo –eso es únicamente privilegio de los dioses- sino que mimetiza, copia lo que ya está presente en el mundo.

Para Platón los artistas eran mentirosos que nos presentaban objetos que se parecían a los originales pero que quedaban lejos de poder ofrecer sus propiedades. Incluso los más habilidosos eran incapaces de entender la esencia, la idea original detrás de las cosas, que solo el sabio filósofo podía comprender. El arte siempre era peor que la realidad.

Aristóteles creía que al realizar la mímesis el artista además de copiar tenía la capacidad de hacer mucho más. Una obra de arte podía mejorar la realidad. Así pues el poeta a la hora de contar las hazañas del guerrero, exageraba determinadas acciones para ensalzar su figura creando un relato épico. Del mismo modo el escultor podía hacer al retratado más alto y musculoso, para así aumentar la estima que mostrasen las generaciones venideras por el personaje. Pero la realidad también podía empeorarse, presentando una sátira en la que se ridiculizase una situación o personaje.

Por supuesto que la fotografía puede hacer todo lo anterior. Pero creo que destaca especialmente cuando encara las cosas desde otra perspectiva mucho más interesante. Cuando no describe fielmente, ni ensalza ni empequeñece sino que ofusca. Muestra a través de un velo de significado incierto. La cámara tiene la capacidad de confundirnos, de dejar preguntas sin contestar. Utiliza todo su poder de descripción para decirnos que lo que vemos en imagen ha ocurrido en el mundo físico, pero nos cuesta entenderlo por completo porque no se parece del todo al paisaje que habitamos normalmente. Una fotografía puede alcanzar la gran belleza también cuando es ambigua.

Encuentro grandes dosis de ambigüedad y misterio en el trabajo de Alix. Retrata personajes extraños en una especie de abismo, escenarios comunes que parecen vibrar de alguna forma especial y objetos que ya no solo cumplen la función para la que fueron creados –su esencia ha sido alterada.

En estas fotografías lo ambiguo se presenta de varias formas, aunque se me ocurre simplificarlo en dos grandes grupos.

En un primer caso incluiríamos las fotografías en las que se maximiza la capacidad descriptiva de la cámara –su capacidad de mímesis- mostrando claramente lo que ocurre de forma similar a como nuestros ojos lo verían si estuviésemos presentes en el momento de la toma. Lo excéntrico en estos ejemplos es la realidad misma dirigida por el fotógrafo.

En el segundo grupo incluiríamos fotografías en las que se emplea la técnica para distorsionar la realidad –limitando la capacidad de mímesis- obteniendo fotografías que en parte se parecen al mundo y en parte se separan de él.

Una de las primeras lecciones que tenemos que aprender sobre la fotografía, es que se trata de una disciplina de selección antes que de creación. Incluso si intentamos ser creativos el primer paso ha de ser buscar trocitos del mundo y arrancarlos, separarlos del resto. Podemos pasarnos toda la vida intentando descubrir cuál es la mejor forma de llevar a cabo esa sustracción. Saber qué hacer con los pedazos una vez los tengamos sujetos es la parte complicada.

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