Bernard Plossu en la carretera

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Los viajes y la fotografía son amigos inseparables. Pocas cosas te hacen sentir tan bien como descubrir cosas nuevas y construir su recuerdo. Es difícil imaginar viajar sin cámara una vez has sido mordido por esa curiosidad. A veces las ganas de conseguir imágenes poco a poco van transformándose en el motor que impulsa el deseo de recorrer el mundo. Con la cámara caminas más atento pero también se hace cuesta arriba cuando tienes la sensación de que los fotogramas salen vacíos de contenido. Inexplicablemente «no ves nada interesante», parece que los lugares o los acontecimientos te traicionan al no ofrecerse frente a ti fallando a tus expectativas.

Cuando uno empieza a interesarse por la fotografía con mayor profundidad tarde o temprano tiene que enfrentarse al hecho de que no tiene sentido irse lejos solo por darle uso a la cámara ya que el resultado será mediocre. Hay que viajar para vivir y así tener algo que contar. Una buena fotografía de viajes es por tanto la consecuencia de una experiencia, de una vivencia de alguien cuyo primer objetivo no es captar una imagen sino asombrarse.

Este libro recoge el primer viaje de Plossu en México, donde se trasladó con su familia para estudiar en la universidad. Pero su carrera estudiantil tan solo duraría el primer día de clase. Tras conocer a un grupo de beatnics norteamericanos que tenían planeado recorrer el país en coche se unió a la expedición con una cámara kodak retinette y la ilusión de un veinteañero.

Este trabajo es una celebración de la carretera. El protagonista no es México, sino el coche y lo vivido. Muchas de las fotografías fueron tomadas desde el asiento del vehículo, ya fuera apuntando a los compañeros o al paisaje que se va descubriendo kilómetro a kilómetro. Las otras fotos, las tomadas con los pies en el suelo, parecen festejar los encuentros casuales con todos esos personajes entrañables que nos encontramos en cantinas, hostales y mercados.

Aquí México es una película que se proyecta en el parabrisas y en el espejo retrovisor.

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Tras ese primer recorrido Plossu cambia de continente y decide viajar por la India donde la dureza de las condiciones de vida de sus habitantes le hace cambiar su forma de ver la realidad. Comienza a sentirse fotógrafo y por lo tanto sus imágenes han de mostrar el mismo cambio. Como si de una pérdida de la inocencia se tratase, o más bien una evolución de la misma, cuando regresa a México sus fotografías se vuelven más sociales. Consciente de que ser fotógrafo significa comunicar, enseñar a otras personas lo que ves, no queda más remedio que mirar de otra manera y a otras cosas. Pero no adopta las gafas de un documentalista o un fotoperiodista, al igual que Buñuel habla de la sociedad mexicana sin ser reportero, él se vuelve social pero continúa mirando como un poeta.

Algunas fotos van más allá de la memoria, transmiten experiencias y por lo tanto conocimiento. De lo que Bernard se da cuenta es de que ese conocimiento ha de tener valor para un grupo de personas más amplio.

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Aquí el protagonista indiscutible ya es México. Sigue presente la carretera, sigue viéndose la magia del descubrimiento, pero el autor es mucho más maduro, las fotos significan más cosas que las contenidas en las propias experiencias del autor.

 

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