Willy Ronis: El compromiso de la honestidad.

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Los fuegos artificiales suelen marcar el inicio y el fin de la fiesta, es decir, un periodo corto de tiempo en el que la cotidianeidad cede a favor de actos lúdicos y festivos para entretener a un personal abrumado por problemas de toda índole. Cuando los fuegos artificiales anuncian el final de este periodo también anuncian el regreso a la pura realidad. Se acabó la tregua. Es por esto por lo que la expresión “Fuegos artificiales” ha ido adquiriendo un significado distinto al literal y además de definir una actividad pirotécnica, también, en cierto contexto, evoca algo vistoso que enmascara la realidad. Cuando acaban los fuegos artificiales nos encontramos con la realidad mas descarnada. Esto también sucede en el ámbito fotográfico. Han sido muchos los fotógrafos que han gozado de un prestigio apabullante y sin fisuras. Han sido distinguidos por la fama otorgada por críticos, comisarios y mercaderes y cuando estos han encontrado unos prados mas frescos en los que comer, dejan a los antaño imprescindibles sumergidos en su realidad. Se acabaron los fuegos artificiales

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Willy Ronis es uno de los fotógrafos que ya está en la historia de la fotografía y que rara vez fue beneficiado por algo o por alguien que no fueran la calidad y la honestidad de su obra. Esto a pesar de que la primera pasión artística de Ronis no fue la fotografía, sino la música. Sus padres, judíos procedentes del Este de Europa, se habían instalado en París huyendo de la persecución de la que eran objeto en su país de origen, querían que su hijo estudiara. El padre abrió un estudio fotográfico y su madre se ganaba la vida como profesora de música. El pequeño Willy recibe clases de solfeo de ella y elige el violín como instrumento, mientras alimenta el sueño de convertirse en compositor. El oficio de su padre le parece tedioso y en ningún momento siente curiosidad por él, pero una grave enfermedad de éste le obliga a tener que ayudarle en el negocio y de esta manera aprende el oficio de fotógrafo. En Junio de 1936 fallece su padre y tiene que seguir al frente del estudio. Unos meses más tarde se celebra en París una gran manifestación del Frente Popular y allí acude Ronis con su cámara. El periódico marxista “Le Humanité” publica su primera fotografía y empieza a comprender que quizá la fotografía no sea un oficio tan aburrido como él pensaba. Le apasiona la vida y descubre que es en las calles donde ésta rebosa. Su inclinación natural es situarse ante los acontecimientos pero estos rara vez entraban en el viejo estudio fotográfico por lo que su clausura supuso para él una liberación, mientras París, sus barrios y sus gentes se convierten en su nuevo estudio.

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Nunca ocultó sus simpatías comunistas y muchas de sus fotografías contienen un fuerte contenido social. Pero nunca tuvo el mal gusto de hacer de sus reportajes algo reivindicativo y susceptible de ser manipulado. Se situaba ante lo que le conmovía o de alguna manera despertara su atención y lo mostraba a los demás. Su fotografía no es solidaria pues eso supone aceptar que existe dos partes que deben unirse para ser una. El no fotografía un mundo del que no forme parte. No hay nada que unir, pues. En Marzo de 1938 realiza una de sus fotografías más famosas. Los trabajadores de la fábrica de Citroen se encuentran en Huelga. Luchan para que les sean reconocidos los derechos conquistados dos años antes. Las asambleas se realizan en los mismos hangares en los que deberían estar trabajando. Es en un hangar de paredes sucias y techos altos donde se está produciendo una reunión de mujeres y una espontánea se sube a una mesa y toma la palabra, se dirige con determinación a sus compañeras. Con su soflama apasionada las anima, mientras el dedo índice de la mano izquierda les indica el camino a seguir. Entre todas estas mujeres se encontraba Willy Ronis. Ahora mismo, 75 años después observo la imagen. Y aprendo y me emociono.

GREVE CHEZ CITROEN-JAVEL, PARIS, 1938

Por su temática, su obra está encuadrada en lo que se dio en conocer como “Fotografía Humanista”, que tuvo Francia (y en especial París) como centro de operaciones. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, París acoge a inmigrantes, tanto nacionales como extranjeros, que se establecen en sus arrabales. Son familias numerosas, que habitan viviendas humildes y donde la vida se manifiesta en los actos más cotidianos. Los niños toman la calle para realizar sus juegos y travesuras, los jóvenes se enamoran y se dan los primeros besos furtivos, mientras sus padres, que ya saben que es la resignación, alivian sus penas, frustraciones y carencias con vasos de vino peleón que son sostenidos por sus manos trabajadoras. Ronis acude allá donde palpite la vida y ésta puede ser tan fascinante en los barrios humildes como en las zona noble de París, que se ha convertido en un gran escaparate y donde no siempre todo es lo que parece.

Aparte de los viajes que hizo a distintos países y ciudades, siempre residió en París, desde que nació el día 14 de Agosto de 1910. En 1972 abandona la capital y se instala en Gordes, donde siempre ha pasado periodos de vacaciones con su familia. Es en esta población donde su obra se torna mas intimista y donde a falta de otras personas que fotografiar toma a su hijo, Vincent, y a su mujer, Marie Ann, como modelos. Los retratos de su hijo jugando, desayunando, durmiendo…..y en especial la fotografía titulada “Desnudo provenzal” donde se ve a una mujer (Marie Ann) de espaldas, aseándose son de una ternura emocionante, que no empalaga. En estas fotografías la luz se manifiesta con mas importancia que las que tomadas en París. Aquí, en Gordes, la luz adquiere el mismo protagonismo que el modelo, son fotografías técnicamente más arriesgadas y difíciles de positivar, pues a menudo se trata de grandes contraluces. Aquí Ronis demuestra su maestría, no solo con la cámara sino trabajando en el laboratorio.

Este alejamiento de la capital lleva consigo, inevitablemente, un alejamiento de los círculos fotográficos y su obra cae en el olvido, lo que no impide que sea nombrado presidente de honor de la Associaton Nationale des Photographes-reporters Illustrateurs, al mismo tiempo que se le invita a participar en 1980 en los Encuentros Internacionales de Fotografía de Arlés. Aunque el redescubrimiento de su obra y quizá el acontecimiento que facilitó su difusión fue la publicación, en 1980, del libro titulado “Sur la Fil du Hasard”. Este éxito provoca que fije de nuevo en París su residencia. De nuevo en la gran ciudad serán los cambios urbanísticos los que llamen su atención de observador impenitente.

Ni la muerte de su hijo en un accidente en 1988 y la de su mujer en 1991, sus seres mas queridos, lograron erosionar su dedicación a la fotografía. Hasta que no cumplió los 81 años no tuvo tiempo de acordarse de que ya no tenía las facultades físicas necesarias para seguir tomándole el pulso a la ciudad. La última foto que hizo fue un desnudo “porque para eso no necesito correr”. Siguió dando cursos, conferencias, impartiendo talleres y no era raro verlo, muy anciano ya, en cualquier evento fotográfico, hasta que nos abandonó definitivamente el 12 de Septiembre de 2009.

Artículo cortesía de Ricardo Alcalde. www.ricardoalcalde.es

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